Crianza · Disciplina Positiva

Rabietas: qué hacer (y qué evitar).

Qué ocurre en el cerebro de un niño durante una rabieta, cómo acompañarla antes, durante y después, y cuándo merece la pena consultar.

Una rabieta puede desbordar a cualquiera: gritos en el supermercado, un «no» que se convierte en llanto inconsolable, un niño tirado en el suelo mientras los adultos no saben dónde mirar. Antes de hablar de qué hacer, conviene entender qué está pasando, porque cambia por completo la forma de responder.

Qué es una rabieta y por qué ocurre

Las rabietas forman parte del desarrollo normal. Los pediatras de atención primaria las sitúan sobre todo entre los 2 y los 4 años. La Asociación Española de Pediatría explica que ocurren porque el cerebro todavía no está maduro: el niño siente emociones intensas que aún no puede manejar. A esa edad el cerebro responde de forma global a señales internas (hambre, sueño, cansancio, dolor) y externas (ruido, frustración, un cambio inesperado), y reacciona como puede.

Dicho de otra forma: en plena rabieta, tu hijo está desbordado. Todavía no puede regularse solo. Necesita que un adulto lo haga con él.

Antes: prevenir lo que se puede prevenir

No todas las rabietas se pueden evitar, ni hace falta. Pero muchas se reducen cuando se atienden sus desencadenantes habituales:

  • Cuidar lo básico: el hambre y el cansancio son los detonantes más comunes. Anticipar una merienda o no alargar una salida puede ahorrar muchas crisis.
  • Anticipar los cambios: «Cuando termines este dibujo, nos vamos al baño» funciona mejor que interrumpir de golpe.
  • Rutinas previsibles: saber qué viene después da seguridad.
  • Opciones limitadas: en lugar de «¿qué quieres ponerte?», «¿la camiseta verde o la azul?». Da sensación de control sin abrir una negociación infinita.

Durante: calma, seguridad y presencia

En el pico de la rabieta, el objetivo es acompañar hasta que la tormenta pase; lo que haya que enseñar llegará después. La Asociación Española de Pediatría recomienda:

  • Mantener la calma, sin levantar la voz y sin intentar controlar la situación con órdenes o enfados. Tu tranquilidad es su referencia.
  • Velar por la seguridad del niño y de quienes están alrededor.
  • Validar la emoción: «Entiendo que estés muy enfadado». Validar la emoción no significa aceptar cualquier conducta.
  • No razonar en ese momento. Las explicaciones llegan después, cuando pueda escucharlas.
  • Adaptarte a tu hijo: algunos niños necesitan un abrazo; otros, que estés cerca sin tocarles. Observar te da la pista.

Un límite puede mantenerse con cariño. Si la rabieta es porque no puede tener algo, no hace falta ceder para que pare. Se puede sostener el «no» y, a la vez, acompañar el enfado que provoca.

Después: conectar antes de corregir

La Disciplina Positiva, desarrollada por la educadora Jane Nelsen a partir de las ideas de los psicólogos Alfred Adler y Rudolf Dreikurs, propone ser amables y firmes a la vez. Su punto de partida es que un niño aprende mejor cuando se siente conectado y respetado.

Por eso, cuando la calma vuelve, es el momento de:

  • Reconectar: un gesto, un «ya pasó», un rato juntos. Primero el vínculo; después la conversación.
  • Poner palabras a lo que sintió: «Te enfadaste mucho porque querías seguir jugando». Nombrar las emociones es el primer paso para aprender a regularlas.
  • Buscar soluciones juntos, adaptadas a su edad: qué podemos hacer la próxima vez que se sienta así.
  • Reparar si hace falta, también los adultos. Pedir perdón cuando hemos perdido los nervios enseña más que cualquier sermón.

Qué conviene evitar

  • Gritar o amenazar: suma intensidad a una situación que ya está desbordada.
  • Castigar la emoción: el enfado es legítimo; lo que se trabaja es qué hacemos con él.
  • Ceder para que pare: el alivio es inmediato, pero enseña que la rabieta sirve para conseguir cosas.
  • Dejarle solo en plena crisis: puedes no entrar en la discusión y seguir cerca.

Cuándo consultar con una profesional

Las rabietas son normales y suelen disminuir a medida que el niño desarrolla el lenguaje y la capacidad de regularse. Merece la pena consultar si siguen siendo frecuentes en edad escolar, si son muy intensas o largas, si el niño se hace daño o se lo hace a otros, o si la familia se siente desbordada y la convivencia se resiente.

Consultar no significa que algo vaya mal ni que lo estéis haciendo mal. Muchas veces unas pocas sesiones de orientación a madres y padres cambian mucho el día a día. Si lo necesitas, puedes ver cómo trabajamos la Disciplina Positiva para familias y la psicología infantil en Alcalá de Henares.

Si decidís consultar, el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid ha editado un cuento para explicar a los niños y niñas quién es el psicólogo: «¿Quién es el Psicólogo?», de la psicóloga Mercedes Bermejo.

Estela Mediavilla
Estela Mediavilla

Directora y Psicóloga General Sanitaria (COP M-18098). Educadora certificada en Disciplina Positiva, Terapeuta Theraplay y Terapeuta EMDR. Acompaña a familias, niños, adolescentes y adultos en Alcalá de Henares. Conocer al equipo.

Preguntas frecuentes

Dudas frecuentes.

¿A qué edad son normales las rabietas?

Son habituales sobre todo entre los 2 y los 4 años, cuando el niño siente emociones muy intensas y todavía no tiene lenguaje ni madurez para regularlas solo. Si siguen siendo frecuentes en edad escolar, conviene consultarlo.

¿Hay que ignorar las rabietas?

Conviene no entrar en discusiones ni ceder, pero sin retirar la presencia. El niño necesita un adulto tranquilo cerca que le ayude a calmarse: nuestro papel es ser modelos y co-reguladores de las emociones de nuestros hijos.

¿Qué hago si la rabieta es en público?

Lo mismo que en casa: priorizar la seguridad, mantener la calma y, si es posible, llevar al niño a un lugar más tranquilo. La mirada de los demás pesa, pero lo que tu hijo necesita en ese momento es tu atención.

¿Castigar sirve para que no se repitan?

La Disciplina Positiva propone alternativas al castigo: mantener los límites con firmeza y cariño, y enseñar después habilidades para gestionar el enfado. Castigar la emoción no enseña a regularla.

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El siguiente paso puede ser pequeño

Si las rabietas os están desbordando, podemos ayudaros.

Cuéntanos brevemente qué ocurre y te orientamos sobre el acompañamiento más adecuado para tu familia.

Estela Mediavilla Psicología
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